De ratones y política económica: Gastar para crecer en 2014

En las últimas semanas se vino una oleada de revisiones a la baja del crecimiento económico de México en 2014, en contraste con la meta del gobierno federal, situada en 3.9 por ciento. Instituciones privadas como Barclays, HSBC, Credit Suisse, Banorte y Banamex han ajustado sus proyecciones, incluso por debajo del 3 por ciento, como resultado de indicadores poco alentadores en el cuarto trimestre del año pasado y en lo que va de éste.

Aunado a las bajas expectativas de crecimiento, predomina el malestar social con la reforma hacendaria y demás cambios estructurales que no terminan de consolidarse. Los impuestos son sumamente impopulares y el sector empresarial considera que sus intereses se han visto afectados. Entre los factores externos, perdura un contexto de incertidumbre en la economía global, con un bajo crecimiento en Estados Unidos y su consecuente impacto en la economía mexicana.

¿Cuál debe ser, entonces, la respuesta del gobierno ante un clima de riesgos externos y de desaceleración económica interna? Una de ellas, más allá de los dogmas económicos que se profesen, es el gasto público, siempre y cuando se realice, por supuesto, con responsabilidad y transparencia. El gasto programable se ha ejecutado en tiempo y forma en lo que va de este año, creciendo 19 por ciento en el primer bimestre con respecto al mismo periodo del año pasado.El gasto de las dependencias del gobierno federal aumentó 43.4 por ciento. Esto, se espera, inyectará dinamismo a una mermada economía nacional.

Los modelos económicos de las últimas décadas señalan que, para impulsar el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), un país debe incrementar el capital físico, favorecer el crecimiento del capital humano y los avances técnicos, entre otros. En efecto, la evidencia muestra que la inversión en infraestructura es un requisito fundamental del crecimiento económico.

En esta tesitura, el gasto de inversión crecerá más que el gasto corriente este año, colocándose en más de 800,000 mdp; es decir, 13.7 por ciento más que el año pasado en términos reales, lo cual representa el 24.2 por ciento del total del gasto programable para 2014. Con estos recursos se están financiando más de 4,000 programas y proyectos de inversión, entre las que destacan la ampliación del sistema del tren eléctrico urbano en la zona metropolitana de Guadalajara, el proyecto de transporte masivo BRT Indios Verdes-Ecatepec en el Estado de México y la carretera Acapulco-Zihuatanejo, en Guerrero.

El gasto público en México representa actualmente el 24 por ciento del PIB de acuerdo con cifras oficiales de la SHCP, proporción inferior a la media de los países industrializados que forman parte de la OCDE, situada por encima del 45 por cierto. Considerando la estabilidad macroeconómica y los bajos niveles de deuda pública que se tienen en el país, puede concluirse que hay espacio suficiente para gastar con fines de crecimiento.

Un gasto bien dirigido contribuiría, también, a lograr lo que se ha denominado como la democratización de la productividad, es decir, a crear elementos que permitan detonar la creatividad, la creación de empleos y, con ello, aumentar el ingreso y generar crecimiento económico. Para dar mayor certidumbre a la consecución de estos compromisos, se están produciendo mecanismos de trasparencia  del gasto, como es el caso del recientemente inaugurado portal en internet “Transparencia Presupuestaria” (www.transparenciapresupuestaria.gob.mx), en el que se podrá monitorear el uso de los recursos federales.

Es de esperarse que las reformas estructurales y un mayor dinamismo de la economía en Estados Unidos sean factores que mejoren los indicadores económicos en el mediano plazo. El gobernador de Banxico, Agustín Carstens, declaró recientemente que la economía mexicana podría crecer alrededor de 5 por ciento hacia el final del sexenio.

Los mexicanos, sin embargo, no pueden esperar a ver resultados. Las exportaciones, así como el consumo y la inversión privados, todavía no muestran señales evidentes de aceleración. La necesidad de crecer requiere  de un gasto más agresivo en el corto plazo. En palabras de Deng Xiaoping, “no importa que el gato sea blanco o negro, si no que cace ratones”. En circunstancias como éstas, el gasto público puntual y transparente luce como la herramienta más viable hacia el resto del año para movilizar la economía. 

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